ECONOMÍA Y ALGO MÁS - El DÉFICIT COMERCIAL
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ECONOMÍA Y ALGO MÁS

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El Déficit Comercial

La derecha norteamericana, aquella que ha sido supuestamente uno de los pilares mundiales de la libertad económica, se muestra en el presente muy consternada por el déficit comercial por el que está atravesando su nación: no cabe la menor duda que los Estados Unidos están importando más de lo que exportan (de ahí el origen del citado déficit comercial americano). Pero, ¿es en realidad el déficit comercial un invariable indicador de que una economía se encuentra en desventaja, en recesión o incluso al borde del colapso? ¿Es éste un claro síntoma de la perpetuación de una cruel y brutal injusticia en contra de un pueblo específico? La respuesta es un doble y rotundo “no”.

El déficit comercial entre uno de dos estados es, en términos generales, de tan poca importancia como lo es el déficit comercial que suele existir entre uno de los dos individuos que han decidido intercambiar bienes y/o servicios entre ellos en pro de su mutuo beneficio. Por lo tanto, suele ser tan preocupante como el déficit comercial que “sufro” en relación con mi médico, que me ha salvado la vida en un par de ocasiones a cambio de cierta cantidad económica y, sin embargo, el miserable jamás ha contratado mis servicios profesionales como escritor, pues argumenta que su práctica profesional no requiere de los servicios de literato alguno, por bueno, diligente, talentoso y competente que éste sea (caso que, como podrán darse cuenta, no es el mío).

¿Es entonces esta diferencia económica entre mi médico y yo algo grave para mis finanzas personales? No necesariamente. ¿Y por qué no? Porque no sólo “perdí” a manos del cirujano la cantidad de dinero previamente acordada de manera más que voluntaria, sino que, a cambio de ésta, obtuve algo inmensamente más valioso (al menos para mí) que dicha

cifra: nada menos que mi propia vida. Así que básicamente las dos únicas maneras de “corregir” semejante “injusticia” comercial existente entre el médico y yo, serían: 1.- obligarlo a contratar mis inútiles, al menos para él, servicios profesionales hasta que me retorne el equivalente a la suma total que decidí otorgarle por concepto del salvamento de mi vida, o: 2.- Optar por perder mi propia vida en vez de salvarla (rechazando los servicios médicos de mi cirujano), a menos que éste último decida de manera simultánea contratar mis servicios como escritor, en reciprocidad a mi “generosidad” por haber contratado los suyos (lo cual es un reverendo disparate). Y claro que hay otra técnica para “resolver” el inexistente problema que representa un déficit comercial para un estado: gravar aranceles a los productos provenientes de la nación que goza de un superávit comercial en relación con la otra. Dicha estrategia resulta ser considerablemente efectiva al momento de perjudicar la economía del país exportador en cuestión, sin embargo, suele dañar aún más la del país importador, puesto que el pueblo de éste último, que anteriormente gozaba del privilegio de poder adquirir un específico producto extranjero al precio de cien pesos, corre ahora el riesgo de tener que obtenerlo por 124 o, en su defecto, de tener que comprar un producto nacional similar al precio anterior (100 pesos) pero de una mucho menor calidad que su versión extranjera (y 24 pesos es en realidad un mundo de dinero para los más necesitados). ¿Y por qué el hipotético producto extranjero poseería una mayor calidad que el local? Simplemente debido a que, si el producto nacional fuera de mejor calidad y/o precio que el extranjero, dicho pueblo no sólo lo consumiría muy por encima del segundo (sufriendo éste último con inmensa frecuencia el rechazo a nivel global debido a la circulación del primero en el mercado), sino que se estaría exportando constantemente y en cantidades industriales (literalmente hablando) hacia todos los confines de la Tierra.

Economía y algo más - POR CARLOS  GURIDI CANIZALES

Por Carlos  Guridi Canizales

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